
Había pasado ya un tiempo, poco o quizás suficiente, cuando acomodado en el interior de un cascarón oscuro donde me metí para contemplar la vida y descansar de tanto trasiego, di cuenta como mi sombra era distinta a mi y se comportaba de forma diferente. Creo que incluso en ocasiones se atrevía a despertarme de mi sueño y contarme cuentos llenos de fantasías mezclados con relatos históricos fruto de cualquier pasado.
Decidí al principio no hacer mucho caso, pero en mi aislamiento me entretenía observándola, en el fondo no era tan malo tener un compañero que entretenía mis espacios vacíos, quizás ya eran muchos, quizás aún no me llegasen, pero seguía ahí.
Mi sombra cada día me entretenía más y comencé a dejarle mover un poco mi acomodamiento. Una noche como otra cualquiera abrió para darme luz una pequeña ventana que ni recordaba que se encontraba encima de mi y dejó entrar el brillo de la luna para despertarme y volverme a contar alguna des sus historias fantásticas.
Enojado y confuso por tanta claridad repentina, poco a poco y con algo de tristeza por perder mi oscuridad acomodada, fui aclimatando mis retinas, acaso estaban un poco vagas o acostumbradas a ver solo sombras.
Mientras mis ojos contendían un pequeño duelo entre ser sensibles de nuevo o permanecer dormidos, me di cuenta de como mi sombra en lugar de verse menos por la luz, era cada vez más clara y se veía mejor. Incorporado ya de mi sitio, me paré detenidamente a observarla y un tanto confuso veía como no tenía ni marcas ni cicatrices, esas huellas que el paso del tiempo me había dejado en el cuerpo.
Mi sombra más lúcida que nunca se disponía a contarme una nueva historia de esas que ya tanto me entretenían. Acomodándose a mi lado, me comentó que ella también me veía mejor, más radiante y que tenía otra imagen de mí antes de verme con tanta luz y que hoy me hablaría de ella.
Una breve lectura de mi imaginación, me hizo pensar rápidamente que me hablaría de todo lo que le había pasado y había echo mientras no vivía cerca de mí. Se incorporó dejó de estar a mi lado y se colocó frente a mí, me sentí un poco cobarde y acomplejado, pero en ese momento la pude ver más grande y definida que nunca. Mientras adoptaba formas que jamás había visto entre tanta oscuridad y se colocaba, ya descubrí que no tenía ni marcas ni adornos por dentro, era una silueta que cada vez se parecía más a mí pero hacía cosas diferentes.
Me equivoqué. . . mientras me disponía a escuchar que fue de mi sombra mientras ni la conocía, se acercó y me dijo en voz baja y al oído. ¿ Quieres que te diga cómo me volví loca?. Me quedé pensando en la pregunta que me había susurrado al oído, pensé entender por fin porque mi sombra… aquella sombra hacía cosas distintas a mí, y no tenía marcas ni cicatrices. ¡!Claro!! estaba loca.
Más sereno le dije que sí me gustaría saber cómo se había vuelto loca, a la vez que entre palabras sueltas la quería comprender para ayudar y prestarle mi atención y ayudarla.
Seguía frente a mí, pero ya la veía mas cercana y definida . . . pobrecilla está loca, pero lo sabe, eso debe ser un buen síntoma de la locura me dije, ¿ será que se está recuperando? Más tranquilo y seguro me dispuse a escuchar los orígenes de su locura. Se fue acercando y me advierte que su locura es contagiosa y que yo ya estaba contagiado desde bien entrado el tiempo. Mientras yo me levantaba vi como hacía lo mismo que yo adoptaba las mismas posturas o me perseguía. Loco de temor intenté bajar la pequeña ventana que daba luz de luna para conseguir oscuridad de nuevo, pero mi sombra ya hacía lo mismo que yo, me imitaba y no dejaba que la cerrase. Seguimos enzarzados como antes lo habían echo mis ojos, mezclando en una marmita la razón y la sensibilidad.
Ya rendido entre batallas y sombras creo que me quedé dormido y soñaba, después despierto soñaba que dormía y desperté.
Al despertar decidí por fin abrir mis ojos y mirar. Volví a ver mi sombra cómo hacía y se movía igual que yo….ya no hablaba. Pero sin dar cuenta me colocó un libro con páginas abiertas donde se comenta que se pierde la razón y yo me había contagiado de locura. Esas páginas abiertas me decían que los contagios de locura se alimentan de otros contagios, contagios que se introducen en tu vida para que puedas tener sombra y te siga sin perseguirte y que sin todos esos contagios nadie se puede contagiar de locura. Decidí pasar página y ver todos los contagios que yo tenía para estar loco.
Los contagios del corazón son esos que te hacen abrazar el alma de quien te está mirando, te acaricia la sensibilidad escondida y despierta un sueño adormilado entre razones y contradicciones.
Los contagios de la razón son los que nos hacen esperar y creer mientras encarcelan la impaciencia. Son esos que nos acompañan para que el juicio y el tiempo ponga lo ajeno y lo propio en su sitio, y contagiando a otros nos haga libres de rencor.
Los contagios del dolor son aquellos que hacen que las heridas de otros no sangren y las propias duelan menos. Te dejan una cicatriz en el recuerdo a modo de texto inalterable en una lengua que tú y gente como tú sólo entiende.
Los contagios de quien te quiere, transforman el dolor en experiencia, la razón en consejo y hacen que tu corazón alumbre tu alma y se haga grande, las contradicciones se desvanezcan y las cicatrices se conviertan en tatuajes que decoran tu vida.
Ahora sabía quién me había contagiado,
ahora sabía porque mi sombra no tenía marcas y antes no la veía,
ahora sabía porque mi sombra me sigue y no me persigue
ahora sabía porque estaba loco y porque quería seguir así.
kalatea
1 comentarios:
A veces el único modo de ponerle cordura al mundo cruel es un poco de locura. El desafío a los dominantes. El quebrador de las leyes. El único rey en la república de la vida.
El amor y la amistad. Las dos grandes puertas que sosiegan la sombra. Todos somos eclipses y pobres de aquellos que son sólo noche cuerda. Abrazos Edu.
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